martes, 5 de julio de 2011

Trucos para una boda más barata





Llegó el verano y con él las temidas bodas.
Temidas en dos sentidos, ya que si bien el elevadísimo gasto del enlace suele suponer un quebradero de cabeza para los prometidos y sus padres, el obligado desembolso de rigor también hace temblar a muchos de los convidados (sobre todo en el caso de haber sido estos invitados a más de una celebración de este tipo en un corto espacio de tiempo).
Y es que parece que últimamente se ha llegado a una especie de consenso, imponiéndose la norma no escrita de que la cifra mínima (si se quiere quedar medianamente bien) con la que obsequiar a los anfitriones ronda los 300 euros “por cubierto”. Esto quiere decir, en un lenguaje menos pretencioso, que para acudir es necesario apoquinar la mitad de un Salario Mínimo Interprofesional por barba, 600 € por pareja y 1.200 por una familia con dos hijos si no se quiere quedar como un rata. Qué duda cabe de que la cuantía se eleva cuando entran en juego factores como la cercanía de trato, el rango familiar o el grado de suntuosidad del propio evento.
Son varios los motivos de que se haya llegado a este extremo:
Por un lado, mientras que antiguamente el objetivo de los contrayentes era la mera celebración de su unión matrimonial, de un tiempo a esta parte ha empezado a ser frecuente que la intención oculta tras un bodorrio sea el ánimo de lucro. Es decir, que la gente (mucho menos religiosa ahora que en el pasado, y poco apasionada del concepto de “compromiso” en general) sólo se casa para sacar cuanto más dinero mejor. No es extraño recibir tarjetas de invitación en las que figuran tanto un número de cuenta corriente como la sugerencia de “ingresar por adelantado”.
Por otra parte, y como consecuencia de lo anterior, el sector hostelero (consciente de que en sus salones se estaba haciendo un negocio redondo) decidió hábilmente sacar mayor beneficio de una tendencia en alza, encareciendo desorbitadamente la “materia prima” de la industria matrimonial: Esto se tradujo en que el precio del convite se estabilizó entre los 90 y los 200 euros por persona, cantidad que en cualquier restaurante nos garantizaría una copiosa comilona pero que suele traducirse en los ya clásicos menús  “entrecot, coctel de gambas y sorbete de limón” típicos de reuniones de este pelo.
La tercera razón es la que, en todos los ámbitos de la vida, se hace necesaria para que una situación claramente desventajosa e insostenible se normalice: La imposibilidad intrínsecamente humana de plantarse ante la estupidez y la necesidad “sapiens” de aparentar lo que uno no es, lograron que resulte imposible volver a concebir una boda como una fiesta a la que a uno le invitan para celebrar un evento especial e irrepetible. Hoy, cuando uno recibe el sobre maldito, no puede evitar sospechar que su presencia no es tan ansiada como la talegada que tantos se vanaglorian de triplicar con pretendida esplendidez.
Así que sí, la culpa es de las parejas, que pusieron de moda la reprobable práctica de recuperar la inversión con pingües beneficios a costa de sus familiares. Y de los hosteleros que, codiciando un mayor pedazo del pastel, elevaron los costes de un modo injustificado. Pero también, y sobre todo, la culpa de este desmán es de los que entraron al trapo y pagaron haciendo ver que el atraco era de su agrado para evitar ser señalados como agarrados y roñosos por su entorno social.
Lamentablemente el daño ya está hecho, y en este momento cualquier cosa que lleve el apellido “de boda” cuesta tres o cuatro veces más de lo que sería razonable en cualquier otra situación. El vestido de boda, el ramo de boda, el banquete de boda, la tarta de boda… Nadie te pregunta primero si tu intención es lucrarte con tu casamiento sino que directamente se aplica el precio “de proveedor” dando por hecho que lo harás. Esto pone en un serio aprieto a los enamorados que desean unirse en matrimonio sin albergar intenciones recaudatorias de ningún tipo: El importe total de todo aquello que suele requerirse en esta clase de ocasiones es tan exagerado que la inversión de los tres a cinco millones de las antiguas pesetas que, se dice, requiere una boda, parece imposible de acometer.
Por desgracia, la fuerza de la costumbre ha favorecido que se asienten firmemente unos cánones muy estrictos que determinan lo que es (o debería ser) un enlace en condiciones. Esto redunda en el triste hecho de que resulta inevitable para una pareja sentir que el día más feliz de sus vidas no es tan perfecto como debería si no disponen de todos los elementos que, por convención, se le asocian. También propicia que los invitados acudan predispuestos a una parafernalia concreta y se sientan decepcionados en caso de encontrarse con algo distinto, lo que genera críticas y chismorreos de lo más desagradables.
Esto, como todo, puede y debe cambiarse. Para ello, es obligatorio plantearse los motivos que nos llevan al casorio: Todo lo que no sean ganas de formalizar un compromiso para darle una dimensión más profunda al noviazgo de cara a la sociedad y a la propia pareja… no sirve. Casarse para que te paguen la entrada del piso, los electrodomésticos o un viaje a Punta Cana es ruin, rastrero y despreciable.
A la aceptación de que la alianza no debería buscar más que la unión de los contrayentes seguirá, como la rueda sigue a la pezuña del buey, que el posterior fiestón no ha de tener otro fin que la de compartir ese momento tan alegre con los seres queridos con quienes sentimos más afinidad. Este descubrimiento será determinante a la hora de abaratar el flete final por varios motivos.

- Primero, disminuirá la lista de convocados en varios cientos de personas.
Cuando se planea obtener elevados ingresos en forma de regalos de boda, resulta conveniente extender la invitación a cuantos más mejor. Es por esto por lo que, tarde o temprano, a todos se nos acaba animando a asistir a la ceremonia de ese estúpido primo segundo del que hace siglos que no sabemos nada: El primo quiere nuestra pasta para un Ford.
Cuando el ánimo de lucro de desvanece, vuelan también las ganas de dedicar tiempo y dinero a ciertas personas que, si bien forman parte de nuestra vida, no son tan importantes como una minoría verdaderamente imprescindible.

- Segundo, y debido a que solo esperamos la asistencia de quienes realmente nos importan, podemos sentirnos exentos de adoptar las poses forzadas que, como anteriormente veíamos, se nos han impuesto a golpe de repetición.
Al saber que compartiremos la jornada con quienes más nos aprecian y conocen, la necesidad de satisfacer a la concurrencia por miedo al qué dirán se torna en ganas de hacer una sola cosa: Pasarlo bien, y disfrutar al máximo de su compañía. De este modo nos libramos del yugo de las apariencias y descubrimos que el dinero empieza a rentar de manera insospechada, como iremos viendo paso a paso:

1- Las invitaciones:
¿De verdad es necesario gastar cerca de 500 € sólo en un taco de tarjetas?
La tecnología ha avanzado una barbaridad y nos brinda la oportunidad de sustituir un gasto que en su día fue impepinable por alternativas gratuitas y notablemente más originales.
Una de ellas consiste en ponerse guapos, elaborar un pequeño guión y grabar un mensaje de invitación con cualquier cámara de video casera. Colgarla en Youtube es tan sencillo y gratuito como enviar un email con el enlace a todos los amigos y familiares a los que decidamos invitar. Definitivamente, esta opción no solo nos ahorra dinero sino que resulta enormemente más divertida y personal que el más elegante de los tarjetones.
¿Que nos gusta más en papel? El 90 por ciento de los novios que se casan hoy en día se maneja, por una cuestión de edad, a nivel usuario con el ordenador y está perfectamente capacitado para elaborar un sencillo diseño que, impreso en el papel adecuado, cumplirá con creces su cometido. En caso de no sentirse capaces… ¿quién no tiene un conocido aficionado al diseño gráfico, cuando no profesional? Estará encantado de ayudar como regalo a los novios.

2- La ropa:
Es sencillamente indecente la cantidad de dinero que se pide por un vestido de novia. La cosa reviste especial gravedad si tenemos en cuenta que, por su diseño, será imposible volver a utilizarlo en el futuro. Se trata por tanto de un gasto tan elevado como absurdo, que no suele ser menor de 1500 €, llegando a superar los 6.000 en muchos casos.
El cerebro de las mujeres ha sido salvajemente bombardeado durante demasiado tiempo con clichés nupciales y por ello resulta casi imposible llegar a un acuerdo a este respecto con alguien que, desde niña, se ha imaginado a si misma caminando hacia el altar ataviada como una princesa de cuento en infinidad de ocasiones. Pese a ello, no hace falta un estudio de mercado para comprender que, por una mínima fracción de lo que cuesta el típico traje blanco, cualquier chica puede hacerse con un precioso vestido de fiesta que, además de favorecerle mucho más que los típicos, pesados y ostentosos faldones, podrá volver a lucir cuantas veces quiera. Si a esto le sumamos unos zapatos, algún complemento elegante y un buen trabajo de peluquería, por algo más de 500 euros tendremos a la más hermosa de las novias lista para decir “sí, quiero”.
En cuanto a las galas del novio… en todas las ciudades hay establecimientos dedicados al alquiler de chaqués para este tipo de ceremonias, rondando el precio los 70 euros. El tiempo del que el cliente puede disponer de las prendas suele ser de un par de días y el único requisito digno de tener en cuenta es la conveniencia de reservar con un mes de adelanto el traje para garantizarse la disponibilidad de tallas.



3- El reportaje.
Mi experiencia en el mundo del reportaje social me autoriza a afirmar que, demasiado a menudo, la cantidad que se cobra a los novios no justifica la calidad del trabajo. De hecho hay una desmedida cantidad de fotógrafos de boda que no solo no tiene formación técnico-artística de ningún tipo, sino que (a ojos de cualquier auténtico profesional) carece de aptitud alguna para ganarse la vida con una cámara.
Más llamativo aún es el caso de los videógrafos, que acostumbran a ser un simple fotógrafo armado con una videocámara que programa en automático y maneja con la misma pericia que cualquier otro aficionado.
Entre alrededor de 1000 y 2000 euros suele pagarse por este servicio. Y se paga porque todo el mundo desea guardar recuerdos del día de su boda para, pasados los años, poder continuar rememorando aquella ocasión tan especial. Mi propuesta es la siguiente:
Incluir en la tarjeta de invitación la petición de acudir provisto de cámara de fotos y tomar cuantas más instantáneas mejor para, tras la fiesta, descargar el contenido de las tarjetas de memoria a un ordenador, obteniendo miles de imágenes tomadas desde todos los ángulos posibles que podremos seleccionar, editar e imprimir por un coste muy inferior al usual.
Como es lógico, una inmensa parte de ellas serán basura. Sin embargo, solo es una cuestión de estadística que por cada diez fotos malas al menos una será genial por lo que cuantas más logremos, mejor.
Si bien el video de la boda podría lograrse por medio del mismo procedimiento, es cierto que obligar a un invitado a pasar toda la noche detrás de la lente es poco adecuado. La solución es simple:
La práctica totalidad de los alumnos de escuelas de Imagen y Sonido acaban realizando, en algún momento de su vida, lo que en el gremio se denomina BBC (bodas, bautizos y comuniones). Poniendo un reclamo en el tablón de anuncios de alguno de estos centros contactaremos con personas formadas para la grabación y edición de video que, por unos 20 euros la hora, registrarán el evento para nosotros. Por 300 euros, contando el proceso de montaje, cabe esperar un trabajo tan bueno como el mejor de los que el fotógrafo de bodas de nuestra localidad pueda ofrecernos.

4- El convite:
Lo normal es que el festín nupcial represente el mayor de todos los gastos de la boda. Es lógico, ya que hay que pagar tanto un espacio lo suficientemente amplio para alojar a los invitados, como el menú y servicio de camareros. Sin embargo parece contradictorio, teniendo en cuenta que lo normal es desembolsar un mínimo de 8.000 euros por cada 100 comensales, que la comida de los desposorios suela resultar poco satisfactoria y ampliamente criticada.
Esto es muy lógico ya que un menú a gusto de todos es, simplemente, imposible de elaborar. Siempre habrá quien prefiera la carne al pescado, las legumbres a las verduras o lo dulce a lo salado. Además puede comprenderse que la elaboración de los platos no sea comparable a la de un restaurante a la carta si se asume que cocinar para decenas de mesas no es lo mismo que cocinar para una sola. El problema está en que se está pagando una suma exagerada por la cual cabría esperar, al menos, unas viandas deliciosas  y abundantes que rara vez se materializan en las mesas de los salones de banquetes.
Lo ideal, si queremos una celebración a un precio razonable, es dedicar unos momentos a evaluar qué posibilidades tenemos de organizar un sarao exitoso al margen de las abusivas imposiciones de los empresarios de la hostelería.
Podríamos preguntarnos ¿tenemos algún conocido que disponga de una finca? Seguro que es posible llegar a un acuerdo con él para que nos permita utilizar sus terrenos en tan señalada fecha. Y en caso de no tener suerte ¿por qué no plantearse otras opciones?
La crisis del sector inmobiliario ha dejado España repleta de viviendas vacías y dueños con imperiosas necesidades de vender o alquilar. Con tan sólo dedicar unos minutos a investigar en la web, podremos localizar cientos de casas de campo y chalets con jardín con cuyos propietarios nos resultaría mutuamente beneficioso alcanzar un acuerdo temporal de arrendamiento.
Por supuesto existe una tercera opción, si bien es algo menos asequible, consistente en recurrir a empresas dedicadas a este negocio en particular, como algunas casas rurales de las que podremos disponer durante un fin de semana por alrededor de 1.500 euros.
Calculando que manejásemos una cifra que rondara los 100 invitados, tras restar el alquiler del espacio aún dispondríamos de unos 6.500 euros para destinar al menú antes de igualar el gasto que habríamos hecho en un salón de bodas normalito. Contratar a una empresa de cáterin que sirva un buffet libre para nuestros familiares y amigos, con mesas y vajilla incluidas, no rebasa ni de lejos esa suma.

5- La barra libre:
Digan lo que digan, una fiesta sin priva no es más que un muermo de reunioncilla. A partir de cierta hora, conviene asegurar el cachondeo garantizando una generosa provisión de espirituosos para los asistentes al banquete. No en vano, la perspectiva de “pillar una buena borrachera” es, inmediatamente después de “follarse a la prima”, la motivación principal de todo asistente a una boda.
Una vez más, aquellos que viven de organizar enlaces matrimoniales son conscientes de este particular. Por eso la tradicional barra libre suele cobrarse hasta a 20 euros por persona, limitando la duración de la misma a sólo unas pocas horas, transcurridas las cuales las consumiciones deben ser abonadas por los propios invitados.
2.000 euros en copas son muchas copas si tenemos en mente el precio habitual en bares y discotecas, pero si sopesamos el coste real que las botellas de licor tienen para los organizadores llegaremos a la conclusión de que el margen de beneficio que acumulan es escalofriante. Así pues, el momento más deseado de la celebración no es tan rentable como a priori pueda parecer a algunos.
Si aún deseamos disminuir la cuantía del desembolso esponsalicio, aplicando el Principio Universal del Botellón Castizo obtendremos datos muy interesantes: Por unos 700 euros podremos comprar bebida de sobra para narcotizar a un centenar de personas. Así, no solo abarataremos el coste si lo comparamos con las tarifas habituales por barra libre, sino que podremos prolongar la fiesta durante muchas más horas de las que este servicio nos ofrece tradicionalmente mientras que factores determinantes como sabor y efecto embriagador  mantendrán los mismo niveles que cabría esperar de una ingesta brutal de licor más prohibitiva.



Requiere un cierto grado de esfuerzo, tiempo y dedicación, pero aplicando estos 5 sencillos puntos lograremos organizar una boda por alrededor de un millón de las antiguas pesetas. Casarse por menos de 5.000 euros representa una reducción del 75% si consideramos el gasto que un evento de estas características suele conllevar. Sin duda todavía puede abaratarse mucho más, ya que lo único obligatorio es un cura, dos novios y sus testigos. Está claro que no hay como encontrar alternativas (y ser capaz de ponerlas en práctica pasando por encima de todo convencionalismo preestablecido) para disfrutar de un enlace barato e inolvidable.
No olvidemos que, aparte del desahogo que un ahorro de esta magnitud supondría para los anfitriones, también los invitados acudirían mucho más tranquilos. Con que cada uno de los 100 asistentes participase con 50 euros en los costos, estos estarían prácticamente cubiertos.
Insisto, aun así, en que una invitación no debería en ningún caso llevar implícito el pago de lo convidado ya que en ese caso no se debería usar el verbo invitar, sino el verbo vender de la siguiente forma:

“Te vendo mi boda. Yo la organizo y tú la pagas”.







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sábado, 2 de julio de 2011

Sobre pervertidos, desviados e invertidos.




Que la homosexualidad es una perversión, si nos atenemos al significado que a esta palabra suele otorgarse, es algo que nadie puede poner en duda. Al fin y al cabo, el deseo carnal hacia un individuo de tu propio sexo puede considerarse “una anomalía del comportamiento que supone la desviación de una tendencia psicológica natural”.
Ahora bien: Basta con un rápido vistazo a la lista de categorías de cualquiera de las decenas de “Youtubes del Porno” que existen para comprobar que la heterosexualidad también está muy, pero que muy pervertida.
¿Cómo, si no, explicar la existencia de miles de archivos pornográficos etiquetados como “mature”, “BBW” o “BDSM”? Si afirmamos que lo normal es que a los machos únicamente les atraiga la idea de copular con hembras jóvenes, fértiles y “canónicamente atractivas”… ¿no deberíamos catalogar como desviación el deseo que muchos heteros sienten por hembras ancianas u obesas? ¿Sería descabellado afirmar que un hombre que se excita mientras es golpeado por una dama embutida en latex, aunque solo sea una vez en su vida, obra contra natura? Si nos ajustamos a la definición, seguramente no.
Tal vez el origen del conflicto radique en el uso peyorativo que del término perversión se hace usualmente. Si hacemos un esfuerzo por utilizar el vocablo más correcto, tal vez parafilia sería la manera apropiada de referirse a los gustos de aquellos a quién comúnmente suele calificarse de pervertidos.
En cualquier caso… ¿Qué es “lo normal”? Y sobre todo, ¿quién lo determina?
Partimos de la base de que estamos hablando de sexo. Algo que, por norma general, practicamos solos o en pareja pero (casi siempre) en la intimidad. Puedo comprender que alguien afirme conocer cuál es la manera más “normal” de respirar, de caminar o de beberse un vaso de agua pero… ¿De excitarse?
Hasta donde yo llego, la excitación sexual es un conjunto de cambios físicos y hormonales que se originan en el cerebro. Si cada mente es un mundo ¿Cómo puede alguien asegurar conocer la manera “normal” de ponerse cerdo?
Todos tenemos nuestras peculiaridades sicalípticas. De hecho, me atrevería a afirmar que el colectivo humano que se pone cachondo, de forma exclusiva, ante la idea de una cópula tradicional con un espécimen joven y hermoso del sexo opuesto representa una minoría de los habitantes del planeta Tierra. Dentro de la cabeza de cada individuo hay recuerdos, traumas, ideas y fantasías que conforman una mentalidad única e irrepetible, de la cual dependerán los estímulos que dicho individuo requiere para activar sus impulsos sexuales.
Sin embargo, se consiente con frecuencia que el típico viejo verde y putero, que paga a una emigrante explotada por unos minutos de sexo sucio, se refiera a dos hombres que (unidos, en ocasiones, por profundos sentimientos) follan de mutuo acuerdo como “maricones pervertidos”, “desviados” o “invertidos”.
Centrándonos en este ejemplo concreto, y si tenemos en cuenta que una tendencia sexual solo se considera peligrosa si es dañina para otra persona, cae de cajón que quién debería ser señalado y acusado por la sociedad de desviado no es precisamente aquel que mantiene sanas relaciones consentidas sino quien, como cliente asiduo, perpetúa la lacra de la explotación sexual femenina y garantiza la existencia de locales de alterne, muchos de los cuales denigran y esclavizan a miles de mujeres en todo el mundo.
Gracias a Dios, las cosas cambian. En ocasiones a mejor: Asistimos esta semana a las celebraciones del Orgullo Gay, cosa improbable hace unos años e imposible décadas atrás. El hecho de que este evento se haya convertido en un reclamo turístico enormemente mediatizado, además de en un negocio lucrativo en el que las reivindicaciones pasan generalmente a un segundo plano, es muy criticable. Sin embargo, la fiesta es una prueba indiscutible de que, año tras año, cada vez son más los que destierran esos prejuicios absurdos (aunque humanamente comprensibles) que han obligado a la comunidad gay a satisfacer sus impulsos en lo clandestino, cuando no a reprimirlos por imposición, durante demasiado tiempo.
Personalmente, el espectáculo que el desfile del Orgullo Gay suele ofrecer me resulta horterilla, algo carente de gusto y, en ocasiones, innecesariamente “poser”. Comprendo, sin embargo, que hubo un tiempo en el que forzar determinadas actitudes o adoptar un cierto aspecto ayudaba a dotar de identidad a un movimiento, como el homosexual, al que nunca antes se le habían puesto las cosas demasiado fáciles. Así, clichés recurrentes como dar matiz femenino al habla o vestir tangas de leopardo forman ya tanta parte del colectivo como sus propios miembros.
Entiendo también las ganas de provocar y de transgredir predominantes entre los participantes y su deseo de hacer patentes los sentimientos de rechazo que profesan hacia las muchas instituciones y sectores sociales que, hasta no hace tanto, se han ensañado con aquellos que simplemente preferían montárselo con alguien de su mismo género.
Mi opinión es que, si se persigue la normalización de la homosexualidad, desfilar semidesnudo con plumitas en el culo es algo menos efectivo que demostrar al mundo, día a día, que ser gay no está reñido con ser un ciudadano responsable, perfectamente capaz de llevar un estilo de vida tan digno como el del más recto de los heterosexuales.



También preferiría que algunos individuos evitaran aprovechar cobardemente el ambiente festivo y la masiva afluencia para lanzar mensajes insultantes u ofensivos, que no engendran sino mayor crispación y rechazo. En cualquier caso, esas actitudes negativas solo pueden reprocharse a los que las ponen en práctica y en ningún caso a todo un colectivo de ciudadanos que solo piden diversión en las calles y respeto por parte de la sociedad.
Si bien es cierto que resulta difícil superar el coraje de aquellos que antaño (en los tiempos en que el sarasa era marginado y perseguido) fueron capaces de desafiar lo establecido para vivir de acuerdo a su realidad, es justo reconocer también la valentía del homosexual contemporáneo. Sí, es verdad que lo tiene más fácil que en el pasado (sobre todo en países como España), pero lo cierto es que todavía no es del todo “normal” que ser marica sea… normal.
De todos modos, si hay algo que encuentro admirable en ellos es esa actitud de “yo soy así” que llevan siempre por bandera… por algo Macho Man es uno de sus himnos: Se trata de que todos entiendan que me gustan los tíos siendo, como soy, muy tío (aplicable también a lesbianas, por supuesto).
Esto contrasta, curiosamente, con la postura del colectivo Trans con el que tantas veces han sido y son confundidos los homosexuales. Haciendo gala de un talante radicalmente opuesto, el individuo transexual parece querer hacer calar el concepto en la ciudadanía de que ellos no son lo que por naturaleza son, sino lo que dicen ser. Y es que, si bien respeto que decidan adoptar artificialmente los atributos propios de un sexo que no les corresponde, no soporto la idea de que traten de imponer (por ley incluso) que todos los demás tengamos que considerar mujer a un hombre castrado e hinchado con silicona (u hombre a una mujer con bigote y sin pecho).
No soy un profesional de la salud, pero me atrevo a decir (aún a riesgo de equivocarme) que, mientras que la homo(bi)sexualidad es una preferencia tan aceptable, sana e inofensiva como el fetichismo o las prácticas sadomasoquistas, una persona que siente que su género no le corresponde y pasa su vida tratando de ocultarlo y modificarlo necesita (salvo en casos muy concretos en los que, como está demostrado, se dan anomalías durante el proceso de gestación) atención médica, ya que es posible que sufra algún tipo de desorden psiquiátrico.
Yo mismo, tras una larga e intensa temporada en el continente negro, empecé a considerarme africano en cierto grado. De hecho, cuando converso con alguien procedente de esa zona del mundo así se lo hago saber. Sin embargo, si decidiera tatuarme todo el cuerpo de marrón oscuro y colocarme prótesis en los labios para realizar un “cambio de raza”, jamás esperaría que la Seguridad Social me pagase dicha transformación, ni mucho menos que el mundo entero aceptase reconocer mi derecho a considerarme “oficialmente nacido en la jungla”.
Y, en caso de hacerlo, comprendería que la Organización Mundial de la Salud considerase mi conducta como una enfermedad mental.





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viernes, 1 de julio de 2011

Blog de Carne Cruda: Censura en Radio 3




¿Se acuerdan del Ministerio de la Verdad? Hablo, por supuesto, de 1984. La célebre novela de Orwell.
¿Recuerdan el trabajo que el protagonista, Winston Smith, desempeñaba en dicho Ministerio? Resumiendo, su labor era la de borrar y modificar datos oficiales, anteriormente publicados, para engañar a la ciudadanía.
Mi descubrimiento del día pone en evidencia que nos acercamos peligrosamente a la Era del Gran Hermano en este pequeño país de chapuceros. Ayer comprobé en mis propias carnes como Radio 3 (Radio Nacional de España) borra y resucita los comentarios de sus oyentes cuando no interesa que sus opiniones trasciendan. Dicho de otro modo: Hay un Winston Smith trabajando en ese Ministerio de la Verdad que llamamos la radio pública.
Ya he comentado en ocasiones anteriores que Carne Cruda, el “contra informativo” dirigido por Javier Gallego (alias Crudo), fue durante un tiempo un programa que seguí con muchísimo interés. La única razón de que dejase de escucharlo fue el hartazgo.
Me harté, demasiado tarde, de su discurso demagogo y aleccionador. Me harté de sus oportunistas parrafadas, que llegaron a superar con creces en número a sus anteriormente interesantes discursos. Pero sobre todo me harte de que, día si día también, ridiculizase y criticase indiscriminadamente a la Fe católica, a su Iglesia, a sus líderes, a sus sacerdotes, a sus sotanas y (por extensión) a sus fieles.
Me harté de escuchar un espacio radiofónico en el que parecía haberse tornado un recurso recurrente el “tiro al cristiano”. Me harté como se hartó Marky Ramone el día que, en medio de una entrevista, se marchó de un portazo tras tener que aguantar una batería de preguntas malintencionadas e hirientes durante la emisión del programa.
Si usted es católico, y también quiere hartarse de Carne Cruda, le recomiendo que lea alguna de las entradas de su blog. Por ejemplo las tituladas  “La Red está en pecado”, “El Papa no existe” y “Con la Iglesia hemos topado”. En ellas podrá encontrar frases como:

 “(…) No estoy de acuerdo con el Papa (…). El purgatorio existe. Quizá no lo ve porque estamos viviendo dentro… Y él es uno de los responsables de ello”.

“Si quiere (Rouco Varela) encontrar pecados en la red, que entre en la página del Vaticano”.
“Donde hay un joven, Don Rouco ve un pecador lujurioso. Donde un grupo de jóvenes, supongo que verá una orgía. Donde hay un cura, prefiero no pensar lo que ve”.
“(…) Rouco confunde internet con la banca vaticana. Quizá por eso dice que la Red “es un medio de propagación de fórmulas de vida de todo tipo, sin excluir las menos acordes con la dignidad humana”.”.
“(…) A partir de ahora hablaremos de la Iglesia Católica como una pequeña institución sin importancia a la que siguen cuatro gatos”.
“Y ahora viene Ratzinger y casi chapa el purgatorio por reformas. Que Dios se ande con ojo, que es el siguiente de la lista”.

Habrá comprobado como el caballero que firma los textos no tiene problema alguno en culpar al Papa de los males del mundo moderno, atribuir los delitos sexuales de unos pocos a la generalidad de los sacerdotes, y sugerir que el estilo de vida Vaticano es “indigno”. Y si usted tiene dos dedos de frente estará horrorizado, no porque esta sea la opinión de este individuo (que tiene todo el derecho del mundo a creer lo que quiera) sino porque… ¡la emisión de estas difamaciones la pagamos usted y yo a diario!
¿Imagina un programa de RNE en el que fuese habitual ridiculizar cruelmente a los señores gordos? ¿O a los africanos? ¿O a los coleccionistas de sellos? ¡No! ¡Nadie lo imagina! Porque ese improbable programa, la segunda vez que incurriera en ese tipo de faltas de respeto, sería suspendido ante la avalancha de quejas que RTVE recibiría de inmediato. Porque Radio Nacional es para España: Para todos los gordos, negros, coleccionistas y creyentes de cualquier tipo que habitan dentro de sus fronteras y contribuyen con sus impuestos.
Además, a nadie se le ocurriría meterse en semejante berenjenal… pero como todos los curitas son muy buenos y los católicos son como Flanders, poner a parir la religión de buena parte de la población española sale gratis a cualquiera que necesite compensar una falta de inspiración con un buen batido de mierda.
Ayer, para variar, Javier Gallego Crudo optó de nuevo por lo fácil y, ante la “noticia” de que el Papa ha abierto una cuenta en Twitter, volvió a dejar la puerta abierta al recochineo general preguntando a los oyentes qué les gustaría decirle al Pontífice. ¿No tenía otro tema? Imposible saberlo. Yo opino que hay mil ideas mucho más audaces con las que las probabilidades de herir sentimientos descenderían (acuérdese del dicho sobre qué dos temas no son adecuados en la mesa)… pero el locutor de Carne Cruda y yo no debemos pensar de la misma manera.
Decidí, en vista de que el asunto empezaba a retorcerme los cojoncillos, publicar un comentario en el blog del programa en el que, muy amablemente, informé a Crudo de que me sentía indignado por tener que mantenerle (como pagador de impuestos que soy) cuando él, desde su puesto de trabajo, centraba sus esfuerzos en sabotear constantemente algo tan sagrado para mí como son mis creencias religiosas. El comentario decía, entre otras cosas, lo que sigue:

(…) Estoy indignado contigo: Me duele en el alma que tu sueldo lo recibas directamente de mis impuestos. Si yo soy un español, y tú trabajas en Radio Nacional de España... ¿Por qué siento que me faltas al respeto (a mí y a otros muchos compatriotas) con tanta frecuencia?
(…) Como contribuyente te pido menos demagogia y más objetividad, o un disclaimer al inicio del programa en el que adviertas de que tus opiniones son sesgadas, partidistas y tendenciosas. Así nadie se llevará disgustos.
 Me haría felicísimo obtener respuesta por tu parte, seguro que tu punto de vista es interesante. Dado que te tengo por una persona partidaria de la transparencia de los servicios públicos, te animo a que como director de un programa de RNE lo hagas.

Y es que, casualmente, el señor Gallego se posiciona como abanderado de las libertades ciudadanas y la libre expresión. ¡Pues anda que no dio la murga con el 15-M cuando dicho movimiento todavía salía en las noticias, allá por el mes pasado! Llegué a escuchar en su programa que la acampada era una “sociedad perfecta”, una “especie de república”.

“Es emocionante verlo y vivirlo, sentir como la calle se llena de pasos, de personas, de ganas de hablar, de discutir, de gritar, de sacar la indignación, la apatía, el desencanto que ahogaba sordamente en el pecho”.
http://blog.rtve.es/carnecruda/2011/05/toma-la-plaza.html

¿Ven cuanto gustan en Carne Cruda las “ganas de hablar”, “de discutir” y “de sacar la indignación” cuando el desencanto “te ahoga sordamente en el pecho”? No debe ser así siempre, porque cuando el “desencanto que te ahoga” lo motivan las descalificaciones que, desde Radio 3, se hacen a menudo contra el credo de los cristianos… las ganas de hablar, de discutir y de sacar la indignación ya no son contempladas con tan buenos ojos. Ojo, porque llega el momento en el que a la libertad de expresión la atan a un poste y la violan salvajemente:
Poco después de mi aportación al blog, un usuario (ANA-CONS) me contesta acusándome de ser un empleado de Intereconomía, tras lo cual yo remito un segundo comentario negándolo y explicándole las diferencias que existen entre un medio de comunicación privado y otro público. Pese a que, tras pulsar el botón de envío, mi mensaje figura a continuación del de ANA-CONS, solo unos pocos minutos después descubro que ya no está. Ha desaparecido.
Por ello, vuelvo a redactarlo añadiendo un apartado inicial en el que indico lo extraña que me ha resultado la inexplicable huida del texto, como puede comprobarse en la siguiente imagen:



ANA-CONS me responde poco después, confirmando que puede leer mi contestación desde California.



Observen ahora, en esta captura realizada segundos después, como mi comentario ha sido nuevamente eliminado. Pese a no haber incurrido en descalificaciones de ningún tipo, pese a no haber nada ilegal en su contenido… mi opinión, después de ser publicada, es retirada tras unos pocos minutos.



Vuelvo a insistir, dado que he guardado una copia del mensaje, y reenvío. En esta ocasión la usuaria Silvia P. denuncia haber comprobado cómo se censuraban mis comentarios y acusa de hipócrita al programa de radio.



Esta vez es su opinión la censurada. Silvia P. contraataca con otro comentario más, en el que exige que se le explique el motivo de la no-publicación de su mensaje de queja.



Al rato, después de que una tercera usuaria (que firma como Alba) comente que a ella también se le ha borrado una intervención, mi comentario VUELVE A SER ELIMINADO por tercera vez, sin que exista justificación alguna para ello salvo el propio miedo de quien los filtra a ser señalado como intolerante y censor.



Más misterios, en este caso una aparición fantasma, nos deparaba el blog de Carne Cruda: Mi primera respuesta a ANA-CONS (aquella que, tras ser borrada, abrió la jaula del secuestrador de opiniones) ¡vuelve a aparecer en el lugar del que nunca debió marcharse!



Y poco después, el comentario en el que Alba afirmaba haber sido también víctima de la censura vuela y es sustituido, precisamente, por el texto que la usuaria había echado en falta.



Seguramente por el camino se perdieron más letras, pero uno no puede pasarse todo el día capturando evidencias de los burdos tejemanejes que se traen en la Casa de la Radio para silenciar las quejas de un ciudadano protestón.
El resultado fue el siguiente: Todos los comentarios que, en su momento, habían sido secuestrados, volvieron a su lugar de origen. Sin embargo, aquellos en los que los usuarios protestaron contra quién coartaba su libertad de expresión fueron eliminados, dejando incluso pedazos de conversaciones inconexas y carentes de sentido. Exactamente como si unos paranoicos hubieran perdido los papeles protestando por la desaparición de comentarios que (al final) estaban ahí. Juzguen ustedes mismos si no se trata de una maniobra digna del mismísimo Ministerio de la Verdad, sobre el que nos prevenía Orwell.
Esta trama me preocupa, porque no estamos hablando de un blog normal: En un blog normal, y hasta la entrada en vigor de lo que aún solo es el anteproyecto de la Ley Integral para la Igualdad de Trato y la No Discriminación, cada webmaster puede decidir qué publica y qué deja de publicar. Sin tener que dar explicaciones a nadie.
Basta, sin embargo, con analizar la dirección web del blog de Carne Cruda para ver que está alojado en la página oficial de Radio Televisión Española. Esto indica que, al igual que la tele y la radio nacionales, estas bitácoras son un servicio público de interactuación con los creadores de los programas que el ciudadano paga por escuchar. Por eso, toda censura o intento de manipulación que provenga de un empleado de dicha empresa será no doble, sino infinitamente más reprobable que la proveniente de cualquier otra parte.
Y, ya puestos, digo más.
Desde cualquier radio, televisión o publicación (ya sea física o digital) de carácter privado (como la sosa Antena 3, la ultra conservadora Intereconomía, El mítico Jueves o, incluso, el modesto Comiendo Detergente), es lícito y admisible un cierto grado de burla, crítica, irreverencia o incorrección. En su casa cualquiera puede decir lo que le salga de la punta de la poya. ¡Para algo salimos de una dictadura fascista y nos garantizamos constitucionalmente la libertad de expresión!
Lo que no puede tolerarse es que un programa radiofónico ataque, por sistema, asuntos que para muchos son no importantes, sino sagrados, en un medio de comunicación que existe por y para todos.
Y que dicho medio, ante cualquier discrepancia, opte por el sencillo camino de la destrucción y modificación de pruebas… simplemente no tiene perdón.
Javier Gallego, Crudo, tiene (como afirmo más arriba) garantizado su derecho a encontrar a la Iglesia ridícula, absurda e incluso maligna. Y, claro está, puede contárselo a quien quiera, todas las veces que quiera. Pero no como quiera.
No con mi dinero, ni a mi costa. No ocupando una franja horaria que una inmensa fracción de sus jefes (le pagamos, luego somos jefes) preferiríamos que se cediese a un profesional capaz de hacer un programa entretenido, valiente y novedoso sin necesidad de faltar al respeto a las creencias de nadie. Y cuando digo nadie, me refiero a NADIE.
Puede, eso sí, fichar por el sector privado... En los informativos de la Sexta, por ejemplo, tendría total libertad para repartir caña a diestro y siniestro, y sus espectadores sabrían muy bien qué producto consumen.  De igual modo, los espectadores de Veo 7 saben a lo que se exponen cuando se sientan delante de su televisor a ver a Pedro J.
El medio de comunicación privado no es sino el negocio de unos pocos, que ofrece servicios orientados a una minoría. Los medios públicos no deberían ser un negocio para nadie, sino información y entretenimiento para el conjunto de los ciudadanos. Por eso es imperativo que, gobierne quien gobierne, sus métodos y contenidos sean también considerados con todos (en el sentido más amplio de la palabra).
Hoy me voy a dormir dolido y decepcionado. Con Gallego, con la Radio y con lo Público en general. ¿Llegará el día en que los oportunistas dejen de arrimar el ascua a su sardina?









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sábado, 25 de junio de 2011

Y dijo Rubalcaba: "Háganse los 120"

En el apasionante mundo de la política, para que las decisiones de un mandatario puedan considerarse “magistrales” estas deben cumplir, indefectiblemente, con tres condiciones básicas:

1- Beneficiar al propio mandatario, o en su defecto al partido gobernante.
2- Beneficiar económicamente a los magnates y empresarios que, de facto, controlan un país y permiten o facilitan el ascenso al poder de sus aliados.
3- Beneficiar, al menos aparentemente, a la población de manera que el populacho esté satisfecho y no se percate de lo ocurrido en relación a los anteriores dos puntos.

La idea de disminuir el límite de velocidad surgió tras la subida de precio de los carburantes resultante del inicio de la invasión por parte de Occidente a la nación Libia. Pese a que la mayor parte del combustible que se consume en España no proviene del estado gobernado por el Coronel Gadafi, se nos convenció de que la inestabilidad de su gobierno y las revueltas surgidas a lo largo y ancho del país norte africano eran los responsables últimos del encarecimiento del petróleo.
En aquellos tiempos, el mandamás del Gobierno Español no era otro que su actual presidente: Jose Luís Rodríguez Zapatero. Por eso, cuando desde el ejecutivo surgió la idea de rebajar el límite de velocidad, fueron legión los fitipaldis y mascachapas patrios que se cagaron, por este motivo, en la puta madre que lo parió.
No tardó en elevarse la voz de muchos que dudaban de la efectividad de la medida, poniendo en entredicho que disminuir en 10 kilómetros por hora la velocidad máxima permitida tuviera consecuencias relevantes en el ahorro de combustible de los españoles. También hubo quién denunció, desde diversas plataformas y medios de comunicación, que el único fin que perseguía el llamado “plan de ahorro” no era otro que aumentar la recaudación en concepto de sanciones por exceso de velocidad.
El tiempo ha probado, a lo largo de estos cuatro meses que la nueva norma se ha mantenido en vigor, que:

1. Ha habido un acusado descenso de la siniestralidad, con menos de 40 muertos en las carreteras durante la pasada Semana Santa.
2. El ahorro de combustible ha sido de un 8,4%.
3. Las multas por exceso de velocidad se han reducido en un 35%, según estimaciones de la Dirección General de Tráfico.

Por tanto, por muy garrulo y velocista que uno sea y por mucho que la gestión Socialista haya resultado catastrófica en prácticamente todos los aspectos… es de ley reconocer que el proyecto ha funcionado y que (en resumidas cuentas) beneficia a la población.
Así, la tercera condición para que una decisión política resulte acertada ha sido cumplida. Desviemos ahora la mirada hacia la segunda:
Es indudable que ha habido individuos y empresas que se han lucrado gracias a este affaire. Sin ir más lejos, quien sea que fabricó las láminas imantadas con las que se han modificado todas y cada una de las antiguas señales de limitación a 120 km/ h ha sacado un buen pico.


Dado que el coste total de la operación se ha estimado en la nada desdeñable cifra de 230.000 Euros, puede decirse que aquellos que se han repartido el pastel de la misma han obtenido pingües beneficios del plan. Parece obvio, entonces, que quien tomó la decisión cumplió también con la segunda condición necesaria para elevarla a la categoría de “magistral”: Hay gente que ha trincado pasta, contenta y agradecida con su benefactor. Gente que, llegado el momento, no dudará en echar un cable a aquellos que les facilitaron el acceso a tan suculento botín.
Sin embargo, los que observábamos la maniobra detectábamos un fallo en la ejecución de la misma: La condición número 1 no parecía estar siendo debidamente satisfecha.
La recién estrenada disposición no estaba beneficiando ni al Presidente ni a su Gobierno. ¡El pueblo español odiaba a sus gobernantes! Y les odiaba mucho más salvajemente por haber  limitado su velocidad de desplazamiento que por haber machacado por sistema la economía del país. Ayer, sin embargo, se despejaron todas las incógnitas.
Leo en http://www.expansion.com/agencia/efe/2011/06/24/16279448.html que el Gobierno ha vuelto (solo cuatro meses después) a elevar la velocidad máxima permitida a 120 kilómetros por hora en autopistas y autovías, devolviendo así la felicidad a muchos. Repito, la felicidad, porque en este país de idiotas gusta conducir rápido, independientemente de lo peligroso que pueda resultar para nosotros mismos o para los demás. Ahora planteémonos, ¿con quién estamos felices?
En  estos últimos meses ha habido importantes novedades en el panorama político nacional: A día de hoy Rodríguez Zapatero, tras anunciar el pasado abril su renuncia a repetir candidatura en las próximas elecciones, es un cadáver político al que nadie presta la más mínima atención.
De hecho, aunque no sea oficial, todos los españoles sabemos (gracias al constante bombardeo informativo que hemos sufrido durante las últimas semanas) que el individuo que lleva las riendas de la nación en la actualidad no es otro que Don Alfredo Pérez Rubalcaba, Ministro de Interior. Este inquietante caballero, candidato oficial a la presidencia del Gobierno en las generales de 2012, está en campaña electoral las 24 horas del día. Por eso intuyo que la noticia que hoy nos ocupa no es sino un nuevo golpe de efecto diseñado para meterse en el bolsillo a una buena parte de los votantes.
Resumiendo, quien ordenó la reducción fue el fracasado Zapatero, pero quien se lleva el mérito de suprimir tan polémica y e impopular norma es Rubalcaba: Puntos extra para él, de cara a los próximos comicios, en otras palabras.

Ahora que ha quedado patente que se han cumplido las tres “condiciones maestras” comprendemos que la discutida idea surgió de una mente brillante además de haber sido ejecutada con precisión suiza. Eso no es óbice para que podamos afirmar que, por enésima vez, la clase política actúa con una totalmente descarada falta de principios.

Persiguiendo recuperar la simpatía del pueblo llano, el Gobierno (después de una inversión millonaria que nos vendieron como incuestionable) descarta una de las pocas medidas acertadas que, en los años que lleva en el poder, ha sido capaz de imponer. El Partido Socialista ha comprado unas decimas de popularidad para el candidato Rubalcaba con 230.000 Euros directamente escamoteados de los bolsillos del contribuyente español.
No queda ahí la cosa: Resulta que la nueva limitación de velocidad comenzará a aplicarse, casualmente, el primer día de Julio… ¿Nadie ha caído en la cuenta de que, precisamente, el verano es el momento del año en el que más personas efectúan desplazamientos largos por carretera? Si de la reducción obligatoria de la velocidad derivó un descenso de la siniestralidad, un ahorro importante de combustible y una significativa disminución de las sanciones… ¿Qué podemos esperar del restablecimiento de la antigua limitación, en el contexto de los meses con más movimiento de vehículos de año?
Creo que la respuesta es irrebatible: Más multas, más gasto… y más muertos.
En definitiva, tendremos un colectivo de empresarios que serán un poco más ricos que hace cuatro meses.
Tendremos un candidato a la presidencia que, poco a poco, logra que muchos empiecen a considerarle como un político sensato y comprensivo a costa de dilapidar recursos económicos de una nación en crisis.
Tendremos una población que pagará más multas, gastará más en gasolina y se estampará con más frecuencia a partir de Julio… y aún así dará las gracias.
Dicho de otra forma, tendremos ante nosotros el resultado propio de una decisión política sencillamente magistral: Mi más sincera enhorabuena al padre de la criatura, evidentemente es un hijo de puta muy listo.




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martes, 21 de junio de 2011

Sorprendentes reacciones ante la pérdida de Ryan Dunn.

Han transcurrido ya un par de horas desde que escribí sobre la muerte del ex-miembro de Jackass, Ryan Dunn. Ahora, gracias a las estadísticas que me proporciona este blog, puedo realizar una primera serie de valoraciones sobre el impacto que la noticia de su accidente ha tenido en todo el mundo.




De la imagen anterior, en la que pueden verse las búsquedas que han traído lectores a mi blog en las últimas dos horas, puede extraerse tres conclusiones principales:

1. Hay un montón de personas en el planeta interesadas en saber si la muerte de Ryan Dunn es realidad o un montaje. El respetable no se fía ni un pelo de la veracidad de los hechos supuestamente acaecidos la pasada madrugada.
2. Mucha gente asocia a Party Boy, un personaje interpretado por Chris Puntius, con Ryan Dunn. Supongo que es un lapsus comprensible, dada la existencia de una cierta similitud entre los rasgos de estos dos “actores”.
3. Todo el mundo ha identificado, inmediatamente, a Dunn como el protagonista del episodio del cochecito en el culo. Sin duda alguna, esta locura ha sido el legado que nuestro amigo Ryan dejará a la Humanidad.


Estos tres puntos me llevan a la siguiente reflexión: Pese a que muchos no saben con seguridad que cara tenía el fallecido, y aunque todavía ni siquiera está del todo claro que dicho fallecimiento haya tenido lugar, la relevancia que, desde al menos 10 países (según las estadísticas de mi blog) se le da al hecho de que este señor introdujera, hace casi una década, un automóvil de juguete en su cavidad anal es, cuando menos, sorprendente.
Quiero decir con esto que, pese a que a lo largo de los siglos han sido miles de millones los humanos que han tratado de pasar a la historia gracias a logros y méritos de diversa índole, era necesario que un pirado norteamericano profanase su recto en una película para que comprendiéramos que basta con actuar como un auténtico tarado para ser eternamente recordado.
Opino que, vivo o muerto, Mr. Dunn puede sentirse más que satisfecho de haberse convertido en leyenda por un motivo tan ridiculamente absurdo. Entiendo que, en cierto modo, esa era la filosofía Jackass: Hacerse famoso por ser un cafre.


R.I.P.








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lunes, 20 de junio de 2011

Ryan Dunn: El Imbécil ha muerto.



Desde el momento en que, siendo yo aún un tierno e inocente adolescente, vi a Ryan Dunn meterse un cochecito de juguete por el culo en el aclamado film “Jackass, the movie”, este mastuerzo se ganó un lugar privilegiado en mi corazón. Más concretamente, y solo después de Chris Pontius (el celebérrimo bailarin nudista conocido como Party Boy), Mr. Dunn pasó a ser, para siempre, mi Jackass favorito.
Esto puede sonar a coña, pero está muy lejos de serlo. Admiré profundamente los impulsos autodestructivos de la tropa de descerebrados de la MTV durante mi pubertad. En aquella época, en lo que a mí respectaba, disfrutar observando (e incluso emulando) las peripecias de unos botarates que se ganaban el pan a base de porrazos y contusiones era una de las actitudes más transgresoras que mi cerebrito inmaduro era capaz de adoptar.
Cada mañana vuelvo a ver, desde mi cama, el malogrado cráneo y las muletas cruzadas que constituyen el archiconocido logotipo de un programa de televisión que, en más de una ocasión, me animó a actuar como un cafre mientras alguien me grababa en video. Tantos años después, el viejo poster de la primera película de Jackass continúa pegado en el armario de mi cuarto.



Crecí, por supuesto. No mucho, pero lo suficiente como para descubrir que existen otros medios menos lesivos de ser diferente y especial. Los muchachos de Jackass también evolucionaron, pasando inevitablemente de casi treintañeros a proyectos de carroza. 34 años tenía mi querido Ryan Dunn ayer mismo por la tarde. Hoy, según dicen, está muerto como un dodo.

La noticia se ha difundido a gran velocidad. Es curioso leer en periódicos aparentemente serios como El Mundo referencias al accidente de tráfico que, anoche de madrugada, acababa con la vida de este zoquete barbudo.



Si hacemos caso a las informaciones de la prensa, la velocidad del Porsche en el que el fallecido y su acompañante viajaban fue un factor determinante en el trágico final que el destino tenía preparado para ambos. Por si fuera poco, según diversas fuentes, el propio Dunn colgó en Twitter fotografías en las que aparecía consumiendo alcohol la noche del Domingo al Lunes (tan solo unas horas antes de la tragedia).

De ser esto cierto, puede que Ryan se marchase del mismo modo en que vivió: Haciendo el imbecil.
De hecho, es posible que esta última haya sido su mayor gilipollez ya que, por muy estúpida que parezca cualquiera de las payasadas que protagonizó a lo largo de su carrera como Jackass profesional, ninguna de ellas había puesto en peligro nunca a nadie que no fuese él mismo.
Debo decir que circulan rumores de que todo esto es un montaje: algunos escépticos sostienen que Ryann Dunn sigue entre nosotros y que la noticia de su accidente no es más que un bulo, intencionadamente puesto en circulación por el propio equipo de Jackass como parte de una futura cuarta película. Resulta paradójico pensar que, de ser así, Dunn habría actuado de un modo mucho menos estúpido que de no serlo: Engañar al mundo entero con una defunción simulada, jugar con noticias falsas sobre accidentes de tráfico mortales y generar titulares y obituarios en los periódicos de medio planeta parece pecata minuta si se compara con matar a tu amigo por conducir ebrio y a toda pastilla.
Sirva el suceso, sea un hoax o no, para hacernos reflexionar sobre una conducta tan habitual y mortífera como es la conducción irresponsable: Cuando subimos a un coche, si lo hacemos bajo los efectos del alcohol, estamos abriendo una puerta a la posibilidad de causar daños irreparables e innecesarios a personas inocentes. Al fin y al cabo, si existiera un modo de garantizar que los únicos perjudicados en estos casos fueran los responsables, no habría tanto de qué preocuparse.
Por desgracia, rara es la ocasión en la que un conductor temerario se estampa sin afectar a terceros. Su copiloto, los ocupantes de otro vehículo o un peatón… demasiados son los candidatos a convertirse en victimas innecesarias cuando la bebida toma el volante.
                                                                                                                             
En fin… sea como fuere:
Descansa en paz, Ryan Dunn. Puto imbecil*.


*Jackass.



Siempre te recordaremos por aquel cochecito que te metiste en el ano...








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