Llegaron a mí, como suele ser habitual en estos casos, a través de un miembro de mi familia. Alguien que, preocupado por mi situación económica y tras haber oído hablar de una oportunidad de negocio interesantísima, me puso en contacto con un Representante Independiente de la compañía de la que había oído hablar maravillas.
El familiar que me consiguió el contacto no era capaz de explicarme con claridad en qué consistía exactamente el negocio, y mi curiosidad fue la razón de que me decidiera a llamar al número que me había sido proporcionado. Al otro lado del teléfono tampoco hallé respuestas adecuadas a mis muchas preguntas: Solo se me repitió una y otra vez que se trataba de una ocasión única, una idea increíble con muchas posibilidades de crecimiento económico que bajo ningún concepto debía dejar pasar.
Aunque tuve que insistir para que mi interlocutor me dijera el nombre de la empresa, finalmente logré sacárselo: Se trataba de ACN (American Communications Network), y estaba invitado a una presentación que iba a llevarse a cabo esa misma tarde en un centro de negocios de la capital donde, por fin, todas mis dudas habían de ser debidamente solventadas.
Como me sentía incapaz de refrenar mi interés durante tanto tiempo, decidí dedicar unos minutos a buscar algo de información en la red. No tardé en hacer un hallazgo inquietante: Con demasiada frecuencia, las palabras “estafa”, “scam” y “timo” aparecían ligadas a las siglas de la misteriosa compañía. Blogs personales, foros de economía, videos de Youtube… incluso de lo que leí en la mismísima Wikipedia extraje una opinión negativa sobre los métodos de negocio empleados por esta empresa, que carga con cientos de denuncias y ha sido ilegalizada en Australia. Debo añadir que tan solo su propia página oficial y un buen número de comentarios remitidos por Representantes de la compañía conformaban la línea defensiva de ACN en Internet.
Pese a ello (o tal vez debido a ello) decidí acudir a la cita secretamente armado con una grabadora digital. ¿Cuáles eran mis intenciones? Ni yo mismo lo sabía. Tal vez registrar lo ocurrido en la reunión para poder, posteriormente, analizar con detenimiento las condiciones del negocio a la hora de valorar mi posible participación en el mismo… Tal vez obtener la prueba que no había encontrado en ninguna de las páginas en las que me había informado para poder compartirla con el mundo.
Llegué, puntual, al lugar acordado. Un edificio situado en el número 3 de la calle de Lisboa de Madrid, muy cerca del intercambiador de Moncloa. Un ruidoso grupo de unas 50 personas charlaba animosamente ante sus puertas. Era obvio que todos ellos venían a lo mismo que yo.
Al menos la mitad de los allí reunidos eran, a todas luces, extranjeros. Principalmente sudamericanos, aunque también vi un corrillo de hombres de procedencia africana. Entre los españoles predominaba la apariencia propia de la clase media-baja (si acaso el uso de un término tan políticamente incorrecto resulta adecuado hoy día): Hombres con chándal y pendientes de brillante y mujeres ataviadas al estilo de la Esteban con aros dorados y bailarinas de falso leopardo.
Me encontré con Alberto, mi “captador”, que ya estaba esperándome en la recepción del edificio. Ahí descubrí, estratégicamente colocado encima del mostrador y de cara al público, un extraño artefacto con el aspecto propio del vástago de la improbable pareja formada por un enorme teléfono y una televisión de plasma. Más tarde me explicarían que se trataba del videoteléfono IRIS 5000, el “más novedoso producto”, además de buque insignia, de American Communications Network.
Videoteléfono Iris 5000
Alberto, tras insistir en los inconmensurables parabienes de la empresa, y después de dejarme caer lo mucho que su ingreso en la misma le había cambiado la vida, me invitó a pasar a la sala en la que estaba previsto que la conferencia tuviera lugar. Acepté, y mientras yo firmaba en un papel con mi nombre y mi número de teléfono, mi anfitrión pago cinco euros de entrada a la azafata que se encargaba del control de accesos.
De la pared del salón de reuniones colgaban carteles adornados con la imagen corporativa de la empresa, alguno de los cuales ya estaba gravemente deteriorado, pero no fue esto lo que más me hizo sospechar de la escasa seriedad de la compañía: Pululaban por el lugar una serie de personajes de aspecto cutrecillo (trajes baratos, faldas cortas, peinados macarras, kilos de maquillaje, dientes rotos y los ya clásicos pendientes de brillante) que, poco a poco, se iban revelando como “anfitriones” a medida que se sentaban con sus invitados para darles una última charla motivacional previa a la conferencia. Una de esas charlas tuve que aguantar yo, durante los más de 20 minutos que el orador tardó en abrir la presentación con una broma estúpida que los numerosísimos Representantes Independientes recibieron con salvas de forzadas y sonoras carcajadas. (Escuchar Audio 1)
Así, tras explicarnos como su lamentable situación económica había sido providencialmente salvada por una presentación como la que estábamos presenciando, Juan Manuel Bolaños (Team Coordinator de ACN en España) se dispuso a relatarnos qué es y a qué se dedica exactamente esta enigmática compañía. (Escuchar Audio 2)
Por si hay alguien que no quiere o no puede tragarse todo el discurso, haré un resumen: ACN es la caña. ACN es poco menos que la mejor empresa del mundo mundial. Pero vayamos paso a paso desgranando las palabras de nuestro orador:
Inicialmente me causó extrañeza que, contrariamente a lo que Alberto y cientos de páginas web me habían transmitido, las siglas ACN no significaran (para el señor Bolaños) American Communications Network sino All Communications Network. ¿A qué podía obedecer este cambio de nombre? Aparquemos temporalmente esta incógnita para centrarnos en las actividades de la empresa.
ACN es una operadora internacional de telecomunicaciones. Está localizada en 23 países desde hace 18 años. La compañía ha sido portada de varias revistas y posee gigantescos edificios en varios continentes. All Communications Network está asociada con The Phone House y desempeña una labor similar a la de Orange, Movistar, Vodafone, Yoigo…
¡Es más! ACN es artífice de la próxima revolución en lo que a comunicaciones humanas se refiere: el videoteléfono. Dejando también de lado el hecho de que el conferenciante no fue capaz de hacerlo funcionar, y siempre según sus palabras, ¡en menos de cinco años todo el mundo tendrá uno! Pero no queda ahí la cosa, no.
¡ACN también vende gas! ¡Y luz! ¡Y televisión por cable! ¡Y aplicaciones para el I-Phone! ¡Y seguridad en el hogar de la mano de Securitas Direct!
¡ACN lo vende TODO!
Pero, entonces… ¿Cómo puede ser que el nombre de esta multinacional, que desde hace casi dos décadas no ha hecho más que crecer, y cuyas actividades abarcan tantos y tan variados campos, me sea completamente desconocido? No fue necesaria una larga espera para obtener una elaborada respuesta. (Escuchar Audio 3)
Así fue como descubrí que hacer publicidad de un producto en televisión es (lo crean o no) una desventaja competitiva.
Al menos fue esto lo que el señor Bolaños trató de darnos a entender cuando defendió que ACN cuenta con una ventaja con respecto a sus competidores al no darse a conocer al consumidor más que “de boca en boca”. Esto justificaba que, pese a sus notables éxitos y sus muchos años de imparable crecimiento económico, ninguno de los presentes hubiéramos oído jamás en nuestras vidas una sola palabra acerca de All Communications Network. Fue en ese momento cuando, por primera vez, se mencionó el concepto de crear “una red de Distribuidores Independientes”, quedando claro de una vez por todas que se trataba de una actividad de tinte claramente piramidal.
Tras esta revelación llegó el momento de hablar de dinero, y el conferenciante no se cortó un pelo a la hora de jalear a los sectores más avariciosos de la concurrencia con chistes fáciles sobre la importancia de tener un buen saldo en la cuenta corriente. (Escuchar Audio 4)
Se nos insistió en que nuestra única finalidad como Representantes sería captar clientes para cobrar comisiones de cada uno de ellos, si bien ACN no esperaba que dedicáramos grandes esfuerzos a este fin. Solo era necesario contratar 25 servicios, pudiendo representar un cliente más de uno de estos. El mismo Juan Manuel Bolaños confesó no haber superado esa cifra, alcanzada (según sus propias palabras) sin gran dificultad: La mayoría de los servicios eran para familiares o conocidos, además de los que había negociado para sí mismo. Entonces, ¿cómo podía ser interesante este negocio, que no nos garantizaba más que el 1% mensual de la factura de 25 clientes?
Escudándose en la idea de que contratar solo a amigos y parientes garantizaba su fidelidad eterna (una afirmación cogida con alfileres que el público pareció aceptar sin dudas), pronto el orador orientó su discurso hacia una estrategia de negocio mucho más lucrativa:
“Ese no es el objetivo, porque por hacer 20 o 25 clientes, aunque te paguen un 10%, no vas a ganar dinero. No es ese el objetivo: el objetivo es crear una red de distribución muy grande, muy amplia…”
Ahora se estaba hablado, sin tapujos, de cuál es la verdadera finalidad de un Representante Independiente de ACN que aspire a ganar dinero: Crear más y más Representantes Independientes. En ese momento el conferenciante aprovechó para preguntar a varios de los asistentes qué argumentos se les había dado para lograr su presencia en la sala aquel día. De este modo, demostró lo fácil que les resultaría también a ellos, llegado el momento, atraer a más personas a la organización en un futuro.
“Que es una oportunidad, que no hay riesgos… ¿Es difícil decir eso? ¿Hay que ser licenciado en algo? ¿Eh? Pregunto: ¿Lo podemos decir? Vamos a invitar a otras personas a que conozcan nuestro proyecto, a que conozcan nuestro negocio...”
Por si quedara alguna duda, a continuación se propuso un ejemplo supuesto en el que un Representante, tras crear una pirámide de siete niveles de subordinados, cobraba comisiones residuales de más de seis mil clientes que superaban los 8.000 euros mensuales. Ni que decir tiene que el público enmudeció cuando la cifra apareció en pantalla, levantándose momentos después una sonora ovación que fue, una vez más, jaleada por el orador.
Entonces, aprovechando magistralmente el estado de hipnotismo masivo que la mención de semejante cantidad de dinero había provocado, se apagaron las luces y comenzó la proyección de un video corporativo en el que se nos invitaba a conocer las instalaciones de las que ACN disponía en diversos países. (Escuchar Audio 5)
“Hemos buscado a los mejores, y están aquí a su entera disposición”, recitaba una voz en off para referirse al equipo humano que la multinacional atesora en sus edificios, del que se decía que “proporciona un nivel de apoyo sin precedentes en 12 idiomas”. Se hacía mucho énfasis, entre imágenes que mostraban una plantilla dinámica y multirracial, en que todos los departamentos de ACN se dedican en exclusiva a facilitar la labor de sus representantes a lo largo y ancho del mundo gestionando altas y bajas en el servicio y garantizando el cobro de las remuneraciones a final de mes.
En definitiva, y tal y como el señor Bolaños recalcó una vez acabada la proyección, “para que usted tenga un negocio por cuenta propia, pero nunca en solitario”.
Lamentablemente, cuando las luces se encendieron los allí presentes tuvimos que enfrentarnos a la cruda realidad: El apoyo de los ínclitos y nunca bien ponderados tele operadores de ACN, así como el soporte del departamento encargado de que, como trabajadores de la empresa, cobráramos nuestras nóminas… no era gratuito. (Escuchar Audio 6)
El conferenciante, insistiendo en que todo lo que suponía una inversión o un esfuerzo corría por cuenta de la compañía, justificó la necesidad de cobrar una “Licencia Internacional” a toda persona que quisiera entrar a trabajar como Representante Independiente de la multinacional. Dicha licencia, que además era lo más parecido a un contrato que jamás llegaríamos a firmar con ACN, cuesta 399 € + I.V.A.
Eso son 470,82 euros, si mis cálculos no fallan.
En aquel momento yo me preguntaba ¿si ACN funciona tan bien, y genera tantos beneficios… por que necesita que sus trabajadores le paguen para mantener sus infraestructuras y departamentos de administración (en caso de que existan más allá del video promocional)? Quiero decir… cuando yo trabajo para cualquier compañía, del alquiler de las oficinas y de los sueldos de mis compañeros y superiores se encarga ella misma ¿verdad? Porque de nuestro trabajo ya se está obteniendo suficiente dinero para pagar honorarios y mantener la empresa.
¿Desde cuándo hay que pagar por un contrato? Porque el señor Bolaños trataba de vendernos que la inversión merecía la pena ya que la Licencia representa “tu soporte legal, tu acuerdo con la compañía”.
¡Claro! Que según trataban de hacernos creer, mediante el desembolso de esos casi 500 euros obteníamos no el rango de empleados, sino el estatus de “socios” de ACN. Sin embargo un intermediario comisionista con labores de reclutamiento no es la idea que yo tengo de lo que el término “socio” implica…
Probablemente quien ideó el guión de la conferencia ya imaginaba que no solo yo, sino la mayoría de los presentes, estaríamos pensando que este pago resultaba injustificado y sospechoso. Por eso el siguiente punto a tratar volvió a levantar el ánimo de muchos de los asistentes, que una vez más entraron en estado de excitación severa al oír las palabras “ingresos inmediatos” en boca del amigo Juan Manuel.
Tras tantear a su público por enésima vez con el cebo de la pasta gansa, nuestro anfitrión paso a explicarnos cómo podríamos, a partir del mes siguiente, empezar a percibir suculentas remuneraciones con las que no solo amortizar la inversión realizada, sino forrarnos a lo grande. (Escuchar Audio 7)
Volviendo a incidir durante tan solo unos momentos en la importancia de hacer contratos, se introdujo con ayuda de simples esquemas el concepto de BAC, o Bonos por Adquisición de Clientes. Así, se nos presentó la estructura de la empresa, con forma de pirámide, en la que para subir un escalón y acceder al siguiente nivel el único requisito era reclutar nuevos Representantes.
Una vez más no hacía falta un alto grado de inteligencia para comprender que ACN prefería que extendiéramos una red a que vendiésemos sus servicios. De esta forma, mientras que contratando a cinco clientes la empresa te premia con 100 €, la bonificación por ascender precozmente al segundo nivel (tan solo captando dos nuevos Representantes) es de 300 €. Igualmente, mientras que contratar diez servicios implica un bono de 250 €, subir rápidamente al tercer peldaño (con también diez personas a tu cargo) supone recibir 1.000 € de gratificación.
La idea es realmente buena, porque lo cierto es que no hay manera de acusar formalmente de estafadores a estos caraduras ya que todo es legal: Es cierto que venden un producto (por mucho que dicho producto apenas sea mencionado en sus reuniones o que la calidad del mismo sea muy cuestionable), y es cierto que piden a sus trabajadores que busquen clientes. Pero es igualmente cierto que buscan la formación de una estructura de Representantes unidos entre sí, todos y cada uno de los cuales debe pagar una cantidad importante para entrar en el juego.
Si hacemos un cálculo rápido, y suponiendo que una de estas estructuras de siete niveles se formase gracias a que cada uno de sus eslabones consiguiera reclutar respectivamente tan solo dos nuevos integrantes, la pirámide la formarían un total de 127 individuos que habrían aportado 50.800 euros a la compañía en concepto de Licencias (es decir, sin contar con lo que pueda derivarse del negocio de las telecomunicaciones en sí). Eso son ocho millones y medio de las antiguas pesetas por pirámide y… ¿dónde va ese dinero? Está claro que se lo ingresa ACN en exclusiva.
No parece tan obvio, sin embargo, que los servicios ofrecidos por los Representantes Independientes de la empresa puedan generar ingresos de algún tipo. Como rezaba el cartel que, en todo momento, se mostraba en letra pequeña en la parte baja de la pantalla del señor Bolaños “No todos los representantes independientes de ACN obtienen beneficios y los ingresos no están en ningún caso garantizados”.
Esto quiere decir que, aunque construyas la organización piramidal necesaria… nadie te asegura que entre todos sus integrantes se llegue a captar el número de clientes necesario para alcanzar las cifras astronómicas que se manejan en las presentaciones de All Communications Network. De hecho, en base a los “servicios” que la compañía ofrece (poco más que portabilidad entre operadoras, y venta de los famosos videoteléfonos, según me confesó mi captador Alberto), opino que debe ser tan difícil lograr un cliente para ACN como mantenerlo eternamente (independientemente de que sea un familiar o un amigo).
O sea, que quien seguro que se lucra es el director de la multinacional, mientras que todos los demás tienen un buen taco de papeletas para quedarse sin ver un duro nunca o viendo ocasionalmente una cantidad ridícula de ellos. No parece una inversión muy segura.
Habrá quién lo logre, no me cabe la menor duda. Seguramente hay un Representante Independiente que alcanza una posición alta en la pirámide y logra mantener a sus clientes. Esta persona dará por hecho que, durante el resto de su vida, recibirá mensualmente una jugosa cantidad de dinero en su cuenta proveniente de las comisiones que ACN le ha prometido, pero tampoco el está a salvo.
¿Qué ocurrirá si el jefazo supremo de All Comunications Network decide fugarse un día con el dinero de las licencias? La empresa desaparecerá, los clientes cambiarán de compañía y nadie pagará las comisiones. A nadie. El único dinero que puede considerarse real de toda esta trama son los 470 euros que cada uno de los estafados “dona a la causa” al unirse a ella. Y es el ansia de recuperar ese dinero perdido la que empuja, a los que una vez dentro descubren el engaño, a intentar por todos los medios que más y más almas cándidas caigan en las redes de ACN mediante falsas promesas de riqueza y felicidad.
Las oportunidades reales de negocio no te las vende un sermoneador de medio pelo en una salucha alquilada. Cuando te ofrecen un puesto de trabajo decente no es necesario usar triquiñuelas y chascarrillos para convencerte y, por supuesto… cuando una empresa seria requiere tus servicios no te exige un pago antes de contratarte.
Por eso vuelvo sobre aquella incógnita que dejé aparcada al comenzar la conferencia. ¿Qué confianza puede ponerse en una empresa que se llama de dos maneras diferentes en función de quién te lo cuenta? Yo, desde luego, no les otorgaría la enorme responsabilidad de pagar mis rentas.
comiendodetergente.blogspot.com